Príncipe y mendigo
por Sergio Grinbaum | 10 de Octubre de 2008 | Entrepeneurship y Liderazgo
¿Vieron las últimas dos de Adam Sandler? En Click es un adicto al trabajo, que muchas veces falla con su familia, y que no entiende el valor del tiempo libre hasta que, ascenso tras ascenso, descubre que hasta su exitoso jefe prefiere disfrutar de otros aspectos de la vida. En ¡No te metas con Zohan! es un agente del Mossad, el mejor de toda la policía secreta. Todos desean ser como él, él quiere ser peluquero.
Comentamos las películas en una mesa con amigos, en la bella y hospitalaria provincia de Salta, y no pude más que quedarme pensando en cómo siempre nos asalta el deseo de ser otro, y en la vigencia que tiene ahora y siempre el mensaje de Príncipe y Mendigo, de Mark Twain. Creo que la tendencia a pensar siempre que el otro está en mejor posición que uno, que la vereda de enfrente es más linda y que el pasto está más verde en el jardín de al lado, es algo natural en el género humano, que muchas veces parece estar diciendo ¡quién pudiera estar en tu lugar!
En mi opinión, ese deseo -que es en parte pura insatisfacción-, es un elemento clave en el devenir de la historia del hombre. Puedo encontrar, en ese querer ser otro, el origen de la envidia, los malos entendidos, el camino a las guerras y al malestar personal.
Con la salteña plaza 9 de julio de escenario inspirador continuó mi reflexión, sobre Sandler, sobre Mark Twain y acerca del permanente descontento de ese pensamiento: “me gustaría ser otro”.
En mi medio puedo verlo con claridad, el mundo entrepreneur es hogar del príncipe que quiere ser mendigo, y del mendigo que quiere ser príncipe. Pero igual que en el clásico de Mark Twain, las ideas cambian cuando uno experimenta la realidad del otro. Muchas veces, cansado o preocupado, pensé que hubiera sido más feliz de no haber tomado tantos riesgos, y creí que había más valor en la tranquila relación de dependencia, comparada con el salto al vacío que, en mayor o menor medida, realiza el emprendedor. En la vereda de enfrente, escucho a todos prefiriendo mi lugar, valorando la hipotética libertad del emprendimiento contra la ilusoria estabilidad y seguridad emocional del empleado.
Veo que la duda acompaña a la insatisfacción: ninguno se siente preparado para saltar al otro lado del arroyo. Ni el príncipe corporativo que dice estar dispuesto a todo por ser el mendigo emprendedor. Ni el mendigo emprendedor, cuestionando porque no es parte del esquema trabajo-horario-sueldo a fin de mes. Tampoco lo está el exitoso empresario, príncipe, que añora la libertad y el tiempo del mendigo, que a las 18hs emprende su camino a casa.
Hasta que realizamos el cambio, como el príncipe y el mendigo del cuento. Como ellos, nos damos cuenta de que las realidades son diferentes, y que el deseable mundo que se veía del otro lado no es tan así.
Nacemos empresarios, empleados, emprendedores, creativos. Cambiamos y avanzamos de la mano de la suerte, la capacidad, la habilidad y el entusiasmo. Podemos ir pasando de un lado al otro del río, cambiando gorritos y coronas, pero es fundamental que nuestra visión prevalezca, que siempre tengamos presente qué es lo que deseamos y nos sentimos preparados para llevar adelante.
Seamos príncipes o seamos mendigos, el camino siempre tiene que estar signado por el esfuerzo y el deseo, y guiado por decisiones coherentes y comprometidas. En otras palabras: seamos honestos con nosotros mismos, todo lo demás es un corolario que siempre acompaña a la franqueza.
Un abrazo grande a todos los que disfrutan de sus elecciones, de un lado del charco o del otro. Mis mejores deseos a aquellos que ya descubrieron su ambición y su pasión, y sobre todo para los otros, que aún no han encontrado su rumbo, ¡a no abandonar!




maka
23 de Marzo de 2009 a las 2:37 pm
muy bueno